
Lógicamente una foto de
Sadam en calzoncillos es el menor castigo que muchos pedirían para el ex-dictador, ahora en proceso de jubilación. Otros
ex-dictadores en proceso de jubilación tiemblan en sus poltronas ante la posibilidad de que el mundo entero contemple su ropa íntima.
Después de ser visto en calzoncillos, nadie parece tan sagrado como antes. Los presidentes de la tierra y el nuevo Papa, deberían ocultar sus calzoncillos para poder seguir pareciendo respetables.
Ratzinger esconde sus calzoncillos primavera-verano en un compartimento secreto del baldaquino de San Pedro, recordará su infancia, y aquella húmeda mañana bávara en la que su madre tendía al aire fresco
esos mismos calzoncillos.