
Y aquí, enfrente de esta librería de Budapest, sabían muy bien qué lugar ocupa el saber.
¿Qué hacer con los libros que ya nos hemos leído?
¿Dónde meter los que no nos gustan, los que son malos, los que tenemos repetidos, los que nos recuerdan a la novia o el típico libro sobre el que tu perro se meó aquel día?
¿Cómo librarse de los libros de texto de la escuela, los libros que queremos olvidar, los libros que nos regaló ese amigo tan pesado, los libros que no nos sirven, los diccionarios de vasco, las biblias de bolsillo, los de elige tu propia aventura, la colección de Enid Blyton?
Siempre nos queda
liberar los librosm pero, habla contigo, sinceramente, ¿esos libros merecen ser liberados?
El Pistacho Veloz te aconseja:
Mejor sentirte nazi por un día, que quitarle el polvo al aburrimiento toda la semana